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ORACION A LA DIVINA PROVIDENCIA

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Divina Providencia

Por: FátimaPaz | Publicado: 12/05/2010 21:44 |




 

 

 

Las velas son solo signos que nos recuerdan algo importante, sin embargo, no son necesarias para dirigirnos a Dios, tampoco lo es recitar determinada oracin; éstos son medios tiles para nuestros sentidos que nos ayudan a concentrarnos mejor y nos sugieren palabras que quiz no se nos ocurren.
Lo realmente necesario es orar con una actitud de confianza y abandono en Dios Padre Providente, que nos ama y nos protege siempre para que alcancemos la vida eterna.

Es lgico pedirle a Dios por las cosas materiales, pero no debemos olvidar que como dice el dicho popular "a Dios rogando y con el mazo dando". Dios es Providente, s, pero ya ha provisto al hombre de lo necesario para que él mismo se procure las cosas materiales que requiere para vivir dignamente. Dios te dio tu inteligencia, tus capacidades, tus habilidades.
Seguramente, tus padres te proporcionaron lo necesario para crecer y aprender (alimento, cuidado, escuela), ahora te toca a ti mejorar esa gran obra que eres t mismo, buscando superarte en todos los aspectos: espiritual, intelectual, social, material. La Divina Providencia sigue actuando a tu favor, para procurarte todo lo que necesitas para conseguir tu destino final.
Dios es Padre Amoroso y Providente que nunca se olvida de su obra mxima, nosotros los hombres. No te abandona nunca, te cuida y te protege de los peligros, pero respeta siempre tu libre voluntad, pues es uno de los dones ms valiosos que te dio.

(La siguiente informacin es de la Catequesis sobre el Credo, del Papa Juan Pablo II, en su libro "Creo en Dios Padre")

Qué es la Divina Providencia? Decir: "Creo en Dios Creador." Es creer en la Divina Providencia.
Dios como Padre Omnipotente y Sabio est presente y acta en el mundo, en la historia, en cada criatura y sobre todo en el hombre, que, guiado por Él debe llegar a la meta final: la vida eterna. A la importante pregunta: Para qué fin nos ha creado Dios?, la Iglesia contesta con toda claridad: "Dios nos ha creado para conocerlo y amarlo en esta vida, y gozar de Él eternamente en la otra". Ante esta misteriosa verdad, el hombre tiene un doble y contrastante sentimiento: por una parte desea acoger y confiarse a este Dios Providente; y por otra, teme y duda, ofuscado por las cosas que vive y, sobre todo, ante el sufrimiento.
En ambos casos, demanda y busca la Providencia de Dios.
Son diversas las soluciones, extremistas y unilaterales, que el hombre propone para justificar y comprender la actuacin de Dios en el mundo, hay quienes:

piensan que el hombre tiene un destino ciego y caprichoso (fortuito);

para afirmar a Dios, hablan del libre albedro del hombre;

para afirmar al hombre y su libertad, piensan que deben negar a Dios.

Surgen entonces otras preguntas: Cmo se conjuga la accin omnipotente de Dios con nuestra libertad, y nuestra libertad con sus proyectos infalibles? Cul ser nuestro destino futuro? Cmo interpretar y reconocer su infinita sabidura y bondad ante los males del mundo: ante el mal moral del pecado y el sufrimiento del inocente? Qué sentido tiene esta historia nuestra, con el despliegue a través de los siglos, de acontecimientos de catstrofes terribles y de sublimes actos de grandeza y santidad?
La Iglesia -cada bautizado- guiada por el ejemplo de Cristo y por la fuerza del Espritu Santo, puede y debe dar al mundo la gracia y el sentido de la Providencia de Dios, para salvar al hombre del peso aplastante del enigma y la fatalidad y confiarlo a un misterio de amor grande, inconmensurable, decisivo, como es Dios.
La Iglesia anuncia la Divina Providencia no por invencin suya, sino porque Dios se ha manifestado as, al revelar la historia de su pueblo, su accin creadora y su intervencin de salvacin planeada desde la eternidad. La Divina Providencia es una verdad de fe afirmada en el Concilio Vaticano I (siglo XIX) para confirmar la enseanza de la Tradicin y contraponerse a los errores del materialismo (que niega a Dios) y del desmo (que dice que Dios no se ocupa el mundo que ha creado).
La verdad sobre la existencia de Dios y sobre la Divina Providencia, es la fundamental y definitiva garanta del hombre y de su libertad en el cosmos. La fe en la Divina Providencia est ntimamente vinculada con la concepcin bsica de la existencia humana, es decir, con el sentido de la vida del hombre. Libera al hombre de pensamientos fatalistas.
El Concilio Vaticano II, dice al respecto: "El hombre no existe efectivamente sino por el amor de Dios, que lo conserva. Y slo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confa por entero a su Creador" (Gaudium et spes, 19).

La Divina Providencia, ligada a la obra de la creacin.    Dios, al crear, llam de la nada a la existencia todo lo que ha comenzado a ser fuera de Él. Pero el acto creador no se agota aqu, lo que surgi de la nada, volvera a la nada si fuese dejado a s mismo y no fuera conservado por el Creador en la existencia. La conservacin es una creacin continua, manifestacin de la Providencia Divina. La Providencia significa la constante e ininterrumpida presencia de Dios como Creador en toda la creacin: una presencia que continuamente crea y continuamente llega a las races ms profundas de todo lo que existe.
Para actuar all como causa primera del ser y del actuar. Dios expresa as su continua voluntad eterna de crear y de conservar lo que ha sido creado; contina pronuncindose a favor del bien, la verdad y la belleza de todo lo que existe; a favor del ser contra la nada; de la vida contra la muerte; de la luz contra las tinieblas (cf. Jn 1, 4-5).
La Divina Providencia afirma la obra de la creacin.
La Divina Providencia gobierna y cuida la creacin:

Gobierna con autoridad suprema, a Dios como Creador, todo le pertenece, todo depende de Él. Cada ser es ms de Dios que de s mismo, de forma radical y total.

Cuida, la autoridad del Creador se manifiesta como solicitud del Padre. Autoridad llena de solicitud que ejecuta un plan eterno de sabidura y amor sobre todo para guiar los caminos de la sociedad humana. Autoridad solcita llena de poder y al mismo tiempo bondad. (cf. Job 36. 37)

La Divina Providencia es suprema autoridad en el mundo, fuerza eficiente, Sabidura trascendente es por quien el mundo no es un caos sino el cosmos.

 "Busque primero el Reino de Dios. . .   Dios Creador est presente en el mundo como Providencia y simultneamente el mundo creado posee la autonoma de la creacin. El hombre, creado para someter y dominar la tierra (Gen 1,28), participa como sujeto racional y libre pero siempre como criatura, en el dominio del Creador sobre el mundo es, en cierta manera, providencia para s mismo responsable ante Dios, ante las criaturas y ante los otros hombres.

Jess en el Evangelio pone de relieve la verdad sobre la jerarqua de los valores presente desde el Génesis: "Quién de ustedes, por ms que se preocupe, puede alargar su vida? Y por qué preocuparse por la ropa? Miren cmo crecen las flores del campo, que no trabajan ni tejen. Y yo les aseguro que ni Salomn en el esplendor de su gloria se visti como una de esas flores. Y si Dios viste as a las flores del campo, que hoy florecen y maana se echan al fuego, no har mucho ms por ustedes, hombres de poca fe? Por qué pues tantas preocupaciones?: Qué vamos a comer? O qué vamos a beber?, o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se preocupan por esas cosas. Pero el Padre de ustedes sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino y todo lo bueno que ése supone, y esas cosas vendrn por aadidura" (Mt 6, 27-33)

Aqu Jess se refiere a la Providencia Divina que abraza con solicitud paterna a cada una de las criaturas, incluso a la ms insignificantes, como la hierba del campo o los pjaros, por lo tanto cunto ms al hombre!, quien tiene el primado sobre las cosas, en su naturaleza y en su espritu, lo tiene sobre todo en el corazn de Dios. Por eso, Jess proclama con insistencia que el hombre, tan privilegiado por su Creador, tiene el deber de cooperar con el don recibido de la Providencia.
No puede contentarse slo con los valores del sentido, de la materia y de la utilidad. Debe buscar sobre todo "el Reino de Dios y su justicia", porque "todo lo dems (es decir, los bienes terrenos) se le dar por aadidura"

  La Divina Providencia y la libertad del hombre.   Se puede comprender la presencia y actuacin de Dios en todo junto con la libertad del Hombre? Para qué la libertad? Cmo comprender el pecado a la luz de la Divina Providencia?....
El plan de la Providencia es anterior a la obra de la creacin es una Providencia trascendente e inmanente a todo, sobre todo a los hombres, dotados de inteligencia y libre voluntad gozan especialmente de la autonoma de los seres creados. La accin divina tiene una misteriosa e ntima relacin ontolgica (por su ser) con la autodecisin humana y con la libre voluntad. Esa libertad pertenece al dinamismo natural de la criatura racional; es una libertad auténtica, aunque herida y débil.
En el hombre, toda la creacin debe acercarse a Dios, encontrando el camino de plenitud definitiva.

El hombre tiene como fin a Dios, y también es fin en s mismo; tiende a autorealizarse (cf Eclo 17,13.16). El hombre escribe su propia historia acompaado por la Divina Providencia.
La Divina Providencia sigue el ritmo del hombre en la historia y se adapta a sus leyes de desarrollo. La autoridad de Dios respeta plenamente la libertad humana (expresin de la libertad divina), permitiendo incluso el pecado, consecuencia del mal uso de la libertad. (cf. Eclo 15, 14-20)
El pecado, confirmado como hecho real desde el comienzo, es oposicin radical a Dios, es aquello que Dios de modo decidido y absoluto no quiere. Para Dios y su Sabidura trascendente, en la perspectiva de la finalidad de toda la creacin, era ms importante que en el mundo creado hubiera libertad, aun con el riesgo de su mal empleo, que privar de ella al mundo para excluir la raz de la posibilidad del pecado. Dios Providente, permiti el pecado, pero, con amorosa solicitud de Padre ha previsto desde siempre el camino de la reparacin, de la redencin, de la justificacin y de la salvacin mediante el Amor.

La libertad se ordena al amor: sin libertad no puede haber amor.

 Nace el hombre "predestinado"?   La pregunta sobre el propio destino est muy viva en el corazn del hombre. Es una pregunta grande, difcil, y sin embargo decisiva: Qué ser de m maana?.
Existe el riesgo de que respuestas equivocadas conduzcan a formas de fatalismo, de desesperacin, o también de orgullosa y ciega seguridad: "Tonto, esta misma noche te van a pedir tu vida, quién se quedar con lo que amontonaste?" (Lc 12,20)
Puede parecernos arbitrario afirmar que el hombre, desde antes de nacer, ya tiene un determinado destino, planeado de antemano por Dios. pero, a qué se refiere ese destino? No es en el sentido humano y material, es decir, no est cada uno destinado por ejemplo, a ser médico, secretaria, o abogado; a casarse o permanecer soltero; a ser rico o pobre; este "destino" se lo va labrando cada uno por sus propias decisiones y por diferentes circunstancias de la vida. La exhortacin de Jess "Busquen primero el Reino de Dios y su justicia.." orienta nuestro pensamiento acerca de la verdad del destino del hombre: su predestinacin en Cristo.
Esta predestinacin no se refiere a un "ciego destino"; en el lenguaje cristiano significa la eleccin eterna de Dios, paternal, inteligente y positiva, una eleccin de amor. Es el plan de la creacin y de la redencin. El hombre, an antes de ser creado, est "elegido" por Dios para participar en la misma filiacin de Cristo por adopcin divina. (Cf. Ef 1, 4-5)

"Tanto am Dios al mundo que le dio a su Hijo nico, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna" (Jn 3, 16)

"En Cristo, Dios nos eligi desde antes de la creacin del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determin desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jess." (Ef 1, 4-5)

La predestinacin precede a la creacin del mundo, ya que ésta se realiza en la perspectiva de la predestinacin del hombre, y ésta se opera no slo en relacin con la Creacin del mundo y del hombre en el mundo, sino en relacin con la Redencin realizada por el Hijo, Jesucristo.
La Redencin se convierte en expresin de la Providencia. En realidad, la Divina Providencia "provee al hombre" de lo que necesita para cumplir ese plan eterno de salvacin tiene, por tanto, una finalidad salvfica (Cf. 1Tim 2,4; Ap 1,8). Incluso, el mundo entero ha sido creado con miras a ese "Reino de Dios", para que se realice en el hombre y en su historia.

 

La presencia del mal y el dolor en el mundo.   El mal y el sufrimiento humano constituyen la principal dificultad para aceptar la verdad de la Providencia Divina, es difcil conciliar ambas realidades. El mal es en s mismo de dos formas:

Mal moral: comporta culpabilidad, depende de la libre voluntad del hombre, es de naturaleza espiritual.

Mal fsico: no siempre incluye la voluntad del hombre, aunque puede ser causado por él, puede ser producto de su ignorancia o descuido, incluso por dolo. Muchos males fsicos suceden independientemente del hombre (enfermedades, desastres naturales)

De la experiencia del mal nace el sufrimiento, que en el hombre alcanza la dimensin propia de sus facultades espirituales, en él, el sufrimiento se interioriza y plantea grandes interrogantes.
El nico método adecuado para responder es la Palabra de Dios. El libro de Job se dedica enteramente al tema del mal y del dolor, y son vistos como una prueba a veces tremenda para el justo, pero superada con la certeza, laboriosamente alcanzada, de que Dios es bueno. Se capta ah la conciencia del lmite y la caducidad de lo creado; el mal, pertenece a su propia estructura.
San Pablo va ms all: "Mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de da en da" (2 Cor 4, 16)

Dios no quiere el mal, s lo permite. En cuanto al mal fsico, no cre la muerte, s la permite, con miras al bien global del cosmos. El mal moral es el pecado, Dios absolutamente no lo quiere, es radicalmente contrario a su voluntad, est permitido por la Divina Providencia porque Dios quiere que en el mundo haya libertad, es indispensable para la plenitud de la creacin que responde al plan eterno de Dios.
La Divina Providencia no queriendo el mal, lo tolera, en vista de un bien mayor. Jesucristo, en el contexto del misterio pascual, ofrece la respuesta plena y completa a ese atormentador interrogante. Su poder se manifiesta en la debilidad y el anonadamiento de la pasin y muerte en cruz. En el plano eterno de Dios y en su accin providencial en la historia del hombre, todo mal, y de forma especial el mal moral es sometido al bien de la redencin y de la salvacin precisamente mediante la cruz y la resurreccin de Cristo.
En Jesucristo, Dios saca bien del mal. Cristo confirma con su propia vida que Dios est al lado del hombre en el sufrimiento; lo toma sobre S y revela que ese sufrimiento posee un valor y un poder redentor y salvfico. La verdad de la Providencia adquiere as mediante el poder y la sabidura de la cruz de Cristo, su sentido escatolgico definitivo.
La respuesta definitiva a la pregunta sobre la presencia del mal y del sufrimiento en la existencia terrena del hombre la ofrece la Revelacin divina en la perspectiva de la predestinacin en Cristo.

 

La Divina Providencia y el hombre de hoy, a la luz del Vaticano II.  

"El mundo.... fundado y conservado por el amor Creador; mundo esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que se trasforme segn el propsito divino y llegue a su consumacin" (Concilio Vaticano II, Constitucin Gaudium et spes, 2)

La descripcin del Concilio resume toda la doctrina de la Providencia: entendida como plan eterno de Dios en la Creacin, como realizacin de ese plan en la historia, como sentido salvfico y escatolgico del universo y, especialmente, segn la predestinacin en Cristo.
El Concilio trata adems de cmo se compaginan el "crecimiento" del reino de Dios y el desarrollo (evolucin) del mundo. En el mundo visible el protagonista del desarrollo histrico y cultural es el hombre. La actividad humana individual y colectiva para lograr mejores condiciones de vida, responde a la voluntad de Dios.

El desarrollo del mundo hacia rdenes econmicos y culturales que responden cada vez ms a las exigencias integrales del hombre es una tarea que entra de lleno en la vocacin del mismo hombre a dominar la tierra.
También los éxitos reales de la actual civilizacin entran en el mbito de la providencia de la que el hombre participa por la actuacin del designio de Dios sobre el mundo.
El rpido avance del mundo de hoy, suscita estupor y esperanza. Pero trae consigo también dificultades:

Mientras el hombre ampla extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio.

Quiere conocer con profundidad su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente ms incierto que nunca de s mismo.

Descubre las leyes de la vida social y duda sobre la orientacin que a ésta debe dar.

La evolucin rpida y realizada desordenadamente, trae consigo contradicciones y desequilibro en las condiciones socioeconmicas, en las costumbres, en la cultura, como también en el pensamiento y en la conciencia del hombre, en la familia, en las relaciones sociales, en las relaciones entre grupos, las comunidades y las naciones, con consiguientes desconfianzas y enemistades, conflictos y anarquas, de las que el mismo hombre es a la vez causa y vctima. (Cf. Gaudium et spes, 8-10)

Es preciso atender problemas concernientes al desarrollo del hombre de hoy, tanto en su dimensin de persona como de comunidad. Es preciso también revisar la mentalidad del hombre de hoy, que de forma totalmente injustificada, se atribuye slo a él mismo el "dominio" del mundo, de forma absoluta y radical, al margen de la Divina Providencia.
Es una vana y peligrosa ilusin construir la propia vida y hacer del mundo el reino de la propia felicidad exclusivamente con las propias fuerzas. Es la gran tentacin en la que ha cado el hombre moderno, olvidando que las leyes de la naturaleza condicionan también la civilizacin industrial y post-industrial (Cf. Gaudium et spes 26-27)

Es fcil ceder al deslumbramiento de una pretendida autosuficiencia, hasta olvidarse de Dios o ponerse en su lugar. Hoy esta pretensin llega a algunos ambientes en forma de manipulacin biolgica, genética, psicolgica que si no est regida por los criterios de la ley moral (y por consiguiente orientada al reino de Dios) puede convertirse en el predominio del hombre sobre el hombre, con consecuencias trgicamente funestas.

El progreso humano, altamente beneficioso, también encierra una gran tentacin; pues los individuos y las colectividades, subvertida la jerarqua de los valores y mezclando el bien con el mal, no miran ms que a lo suyo, olvidando lo ajeno; as el mundo no es mbito de auténtica fraternidad. "La criatura sin el Creador se esfuma. Ms aun, por el olvido de Dios, la propia criatura queda oscurecida" (Gaudium et spes 36)

La Divina Providencia viene al encuentro del hombre, también en el desarrollo del mundo de hoy, para asistirle y ayudarle. El Espritu de Dios, que con admirable providencia gua el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolucin. Superar el mal es al mismo tiempo querer el progreso moral del hombre, por el que su dignidad queda salvaguardada, y dar una respuesta a las exigencias esenciales de un mundo "ms humano". En esta perspectiva, el Reino de Dios que se va desarrollando en la historia, encuentra en cierto modo su "materia" y los signos de su presencia eficaz.

Aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios. Existe un profundo lazo y una elemental identidad entre los principales sectores de la historia y de la evolucin del mundo y la historia de la salvacin.
El plan de la salvacin hunde sus races en las aspiraciones ms reales y en las finalidades de los hombres y de la humanidad.
También la redencin est continuamente dirigida hacia el hombre y hacia la humanidad en el mundo. Y la Iglesia se encuentra siempre con el mundo, as como la historia de la salvacin transcurre en el cause de la historia del mundo.

"Las verdaderas conquistas del hombre y de la humanidad, auténticas victorias en la historia del mundo, son también el sustrato del Reino de Dios en la tierra" (Karol Wojtyla)

El reino de Dios est en el mundo y antes que nada en el hombre, que vive y trabaja en el mundo. El cristiano sabe que con su compromiso a favor del progreso de la historia y con la ayuda de la gracia de Dios coopera al crecimiento del Reino, hasta el cumplimiento histrico y escatolgico del designio de la Divina Providencia.


REC.FTIMA

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